I. La agenda del capitalismo global
1. El mayor operativo de blanqueo político del siglo XXI
La Agenda 2030 [2] es un instrumento ideológico creado para blanquear el injusto sistema económico vigente e impulsar nuevas transformaciones que aumenten su poder. Es el mayor operativo de blanqueo y apuntalamiento del capitalismo jamás presenciado [1].
El objetivo formal de la Agenda y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) no coincide con su objetivo real. Su propósito no es acabar con la pobreza y defender la dignidad de todo ser humano, sino hacer sostenible el sistema neocapitalista hegemónico (tanto el respaldado políticamente por el liberalismo como el respaldado por el comunismo); es decir, el sistema en el que dinero, tecnología, rentabilidad y productividad priman sobre el valor de la persona humana o, dicho de otra forma, en el que prima el capital sobre el trabajo.
Esta tesis, lejos de ser planteada desde ámbitos marginales, fue sostenida, entre otros, por Philip Alston, Relator Especial de la Organización de las Naciones Unidas para la extrema pobreza y los derechos humanos, quien dejó patente que la Agenda 2030 no es un plan para acabar con la miseria en el mundo, sino para hacer sostenible el propio sistema capitalista que la provoca [3].
2. Perpetuación de la pobreza.
El objetivo formal de los ODS (acabar con la pobreza) y su fin real (sostener el neocapitalismo) no solo son distintos, sino radicalmente incompatibles. La sostenibilidad del sistema capitalista es estructuralmente incompatible con la eliminación de la pobreza y la injusticia.
Un sistema cuyos principios motores son la maximización del lucro, el beneficio, la competencia y la acumulación de capital no va a alcanzar, por su propia dinámica intrínseca, el bien para todos. Menos aún para los más pobres que, en la lógica de este engranaje, son considerados descartables porque «nada aportan». Así lo expresan las cínicas, aunque sinceras palabras de Warren Buffett: «Hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando» [4].
Una prueba objetiva de esta incompatibilidad es la ineficacia de la Agenda 2030: a pesar de disponer de todos los mecanismos financieros, políticos y tecnológicos del mundo, no alcanza sus objetivos [5]. No se cumple porque no se quiere cumplir; su objetivo real va en la dirección opuesta.
3. Control biopolítico.
La Agenda 2030 es un instrumento de control biopolítico al servicio del moderno totalitarismo que conforma el neocapitalismo. El control cuantitativo (demográfico) de la población y su control cualitativo (de las voluntades) constituyen sus fines inmediatos.
El capitalismo tras la Agenda 2030 es totalitario por naturaleza, pues pretende fiscalizar todos los aspectos de la realidad de las personas y de la sociedad. No es solo un modelo económico; es un sistema integral portador de una cultura, una moral y una antropología que se impone a toda costa, caracterizada esencialmente por el materialismo, el individualismo, el relativismo utilitarista y el hedonismo.
La biopolítica es el nuevo instrumento de este totalitarismo del siglo XXI. Se entiende por ella una forma de ejercer el poder buscando que los ciudadanos se identifiquen con él, de tal modo que no solo obedezcan una imposición externa violenta, sino que, además, se sometan internamente al régimen de control. Se busca, pues, un control cualitativo de la población que sea funcional al sistema dominante.
Al amparo de esta doma cualitativa se aborda el control cuantitativo: reducir el número de comensales para disminuir los riesgos de rebelión contra el sistema injusto y, simultáneamente, aumentar la acumulación de capital desprendiéndose de la masa sobrante (la economía del descarte). Los empobrecidos, los enfermos, los ancianos y los niños que no sean productivos o útiles están en el punto de mira de un sistema que no dudará en eliminarlos o descartarlos.
La Agenda 2030 es un instrumento de la guerra de los poderosos contra los débiles [6]. Para la élite económica mundial (apenas un 1%) no es fácil dominar al 99% restante (7.900 millones de personas). Para lograrlo, es necesario forzar la complicidad ideológica de un porcentaje mayor de la población y, simultáneamente, disminuir el tamaño de la masa de desposeídos.
4. Una estructura e institución inicua
La Agenda 2030 es una institución que, como toda institucion, despliega mecanismos jurídicos, legales y organizativos para funcionar «automáticamente», más allá de la voluntad de quienes la crearon o la sirven. Pero es una institución inicua por estar concebida y organizada de tal modo que promueve el mal, aunque su apariencia formal exprese lo contrario. Condiciona nuestra actuación y nos obliga a participar en ella, convirtiéndonos a la vez en víctimas y verdugos.
De este modo, las estructuras adquieren continuidad en el tiempo para alcanzar sus fines, interrelacionándose hasta formar sistemas globales de influencia planetaria. Lo más significativo de estas estructuras es justamente su capacidad de moldear el campo de acción personal y social, legitimando unas conductas y prohibiendo u ostracizando otras. En el momento actual, todos estamos sometidos a su campo de estructuración.
Los países empobrecidos, si quieren recibir ayudas al desarrollo, deben aceptar toda la ideología subyacente de la Agenda; los investigadores universitarios y científicos deben alinearse con ella si pretenden investigar y publicar; los educadores que intentan apartarse de esta idolatría global afrontan graves consecuencias que van desde el aislamiento hasta el despido. Es casi imposible salirse: el sistema fulmina al disidente.
Aunque el mal y la injusticia brotan de la responsabilidad personal, adquieren una dimensión nueva cuando se configuran institucionalmente: es entonces cuando entran en juego engranajes que hacen que la injusticia funcione de forma automática, implacable y con una extensión formidable.
5. Una estructura de pecado
Para quien comparta una visión de fe de la realidad, la Agenda 2030 encaja en la categoría teológica de «estructura de pecado», pues, si bien es fruto de faltas personales, por medio de ella los pecados «se difunden y son fuente de otros pecados, condicionando la conducta de los hombres» [7]. El afán de ganancia exclusiva y la sed de poder son los motores de estas estructuras [8], existiendo una relación de circularidad donde la institución extiende y amplifica el pecado que le dio origen.
II. La agenda de la mentira
6. Prescindencia del análisis causal de la pobreza
Para la Agenda 2030 no existe la historia, sino únicamente «desafíos» y «retos» de generación espontánea cuyo origen se silencia [9]. Se omite deliberadamente la historia colonial extractiva de las riquezas del Tercer Mundo, la explotación del trabajador impuesta por el industrialismo, el conflicto capital-trabajo contemporáneo, las responsabilidades políticas y la existencia de oligarquías minúsculas que acaparan la riqueza y la financiación mundial. Se oculta, en definitiva, el sistema capitalista hegemónico que articula todos estos factores.
7. Invención de falsas causas de la pobreza
La Agenda desproporciona la relevancia del cambio climático, el desperdicio de alimentos o el exceso de población como causas de la miseria. Se trata de premisas que resultan falsas (como el mito de la sobrepoblación) o que son sacadas de proporción, tratándose en realidad de meras consecuencias del propio sistema capitalista, el verdadero causante de la miseria.
8. Deformación técnica en la medición de la pobreza
El criterio para medir quién es pobre —basado rígidamente en poseer más o menos de cierta cantidad de dólares por persona y día— [10] es anticientífico. Manipula la realidad para atribuirse logros que no son reales, tal como ha demostrado con rigor técnico el exRelator Especial de la ONU para la pobreza extrema, Philip Alston [11], y como se corrobora en el Informe sobre la Desigualdad Global del Global Inequality Lab [12].
9. Manipulación del lenguaje y ofensa a los desposeídos
El discurso de los ODS utiliza un lenguaje deliberadamente ambiguo y eufemístico para ocultar las raíces de la injusticia. Denomina a los países expoliados como naciones «pobres», «en desarrollo», «menos adelantadas» o «de rentas bajas», presentando como una condición innata o fortuita lo que en realidad es el resultado de un expolio histórico y estructural.
De igual forma, usa el término engañoso de «trabajo infantil» [13] para camuflar que, cuando el trabajo adulto es realizado por niños sin capacidad de rebelión, se convierte en una forma de esclavitud que les roba la salud y la infancia: una realidad que afecta a más de 400 millones de niños en el mundo. El propio concepto de “resiliencia” [14], presentado como una cualidad virtuosa de los pobres, no es más que el cínico reconocimiento del sufrimiento crónico que les ha tocado soportar en este sistema inhumano.
III. La agenda biopolítica y el control de población.
10. Creación de un marco mental alterado
La Agenda 2030 ha logrado que la población desvíe su mirada de los pobres y deje de cuestionar las causas de la miseria global. Sustituye la indagación realista de nuestro mundo por análisis prefabricados e ideologizados que, apelando a la pura emotividad, instauran una nueva mentalidad que deja indemne al sistema económico y a quienes se lucran con él.
Estas herramientas son la ideología de género, el ecocapitalismo, la bioideología de la salud y el transhumanismo [15]. Su génesis no ha sido espontánea: las grandes conferencias de las Naciones Unidas de los años 90 [16] fueron construyendo sistemáticamente sus bases en todos los campos (educación, infancia, medio ambiente, mujer, seguridad alimentaria, etc.), utilizando sus aniversarios como plataformas de apuntalamiento estratégico [17]. Estas bioideologías configuran lo que Michel Schooyans calificó de “imperialismo metapolítico” [18], un sistema de dominación que trasciende lo político clásico para ejercer un verdadero “biopoder” sobre las dimensiones biológicas y psicológicas del ser humano.
11. El control biopolítico a través del género y la salud
El objetivo 5 de los ODS (“Lograr la igualdad de género…”), desarrollado en su meta 5.6 (“Asegurar el acceso universal a la salud sexual y reproductiva…”), es una de las piedras angulares de la Agenda porque favorece que el mal pase por bien. Al ser un objetivo transversal que impregna todas las demás metas [19], transforma la declaración externa aparentemente positiva en un fin nefando: lograr que haya pan en la mesa para todos… reduciendo coactivamente el número de comensales.
Este mecanismo transforma mentalmente la eliminación de una vida naciente (el aborto) en un acto virtuoso de afirmación personal o «empoderamiento». Simultáneamente, el concepto de “género” desliga el sexo biológico de la identidad sexual, negando la naturaleza humana y desatando espirales de confrontación identitaria que distraen de la raíz del problema: la opresión ejercida por los agentes capitalistas.
La salud (objetivo 3) opera como otro caballo de Troya. El concepto de “salud sexual y reproductiva” contenido en la meta 3.7 [20] es un artilugio para promover la anticoncepción y el aborto, convirtiendo biopolíticamente la muerte del no nacido en un acto sanitario. Se presenta la reproducción como una patología para desplegar una planificación familiar de corte neomalthusiano cuyo fin real es el control poblacional cuantitativo.
12. La ideología ecocapitalista y la destrucción creativa
La Agenda 2030 eleva a dogma absoluto e indiscutible que el cambio climático es consecuencia exclusiva de la actividad humana [21], cultivando un tremendismo climático que atribuye cualquier fenómeno adverso a dicha causa. Esto se convierte en la coartada perfecta para emprender, en nombre del bien común, una transición energética encubierta [22] plenamente funcional al capitalismo. Para el sistema, el cambio constante de tecnologías justifica una obsolescencia acelerada y una destrucción creativa que garantiza la acumulación interminable de capital.
IV. Los objetivos reales de la Agenda 2030
13. Apuntalamiento ideológico del sistema capitalista
Al trasladar el debate a los falsos dilemas planteados por las bioideologías, la Agenda logra que la población olvide a los verdaderos responsables de la injusticia global. De este modo, los grandes agentes del capitalismo mundial se convierten en los principales ejecutores de la Agenda 2030: la ONU ha contratado al pirómano en calidad de bombero.
14. Maximización del poder plutocrático al margen del Estado
Aunque la Agenda fue aprobada en la Asamblea General de la ONU, su gestación y ejecución corresponden a los grandes poderes económicos, destacando el papel del Foro Económico Mundial (Foro de Davos), una entidad privada que articula las acciones de los plutócratas a nivel global [23]. Su fundador, Klaus Schwab, afirmaba sin tapujos: “Se avanza con mayor rapidez en el desmantelamiento del Estado y de la sociedad en interés del capital privado si se utilizan términos como progreso social, filantropía humanitaria y emprendimiento social” [24]. Esta visión coincide con la de Percy Barnevik (miembro del influyente lobby industrial European Round Table), al definir la mundialización como la libertad total para invertir, producir y vender con el mínimo de obligaciones laborales y convenios sociales [25].
La ONU y los Estados otorgan legitimidad a lo decidido por estos agentes económicos a través de mecanismos como la financiación o las puertas giratorias. Para su implementación, se recurre a los llamados «stakeholders» o grupos de interés privados (organizaciones y fundaciones multimillonarias) que imponen sus preferencias sobre naciones soberanas bajo el paraguas de la filantropía. Para articularlos, se creó la Alianza Mundial (Global Compact) [26], cuyo informe de 2013 subrayaba la necesidad de que las corporaciones formen parte de las soluciones a los desafíos globales [27].
15. Chantaje y colonización ideológica
La Agenda 2030 estructura un marco de conductas del que las naciones no pueden salirse sin ser gravemente perjudicadas. Esto ocurre cuando se impone el aborto o la desnaturalización del matrimonio como condición indispensable para que un país en desarrollo acceda a ayudas internacionales contra el hambre o para educación. El Papa Francisco calificó esta situación de “colonización ideológica” [28], denunciando presiones internacionales que condicionan los fondos económicos a la adopción de políticas de “salud reproductiva” [29]. Esta imposición de modelos de vida ajenos a la cultura local y contrarios a la Ley Natural fue denunciada de igual modo por Mons. Bernardito Auza [30] y reflejada en las reservas formales de la Santa Sede a la Agenda [31].
16. Control demográfico: acabar con la pobreza eliminando al pobre
El principio rector de que los objetivos y metas son de carácter “integrado e indivisible” es la estrategia utilizada para camuflar que el núcleo prioritario de la Agenda 2030 es el control demográfico masivo. Esta clave vincula directamente los ODS [32] con sus antecedentes inmediatos: los Objetivos de Desarrollo del Milenio [33] y la Agenda 21 [34], alentada originalmente por el lobby del multimillonario David Rockefeller para el control drástico de la población mundial [35].
17. Neutralización de los Derechos Humanos Económicos y Sociales
La Agenda 2030 socava la búsqueda de la justicia internacional debilitando el marco obligatorio de los Derechos Humanos. En su lugar, opta por objetivos de cumplimiento voluntario gestionados en gran parte por el sector privado. Esta estrategia de sustituir acuerdos internacionales vinculantes y exigibles ante tribunales por metas laxas permite a las corporaciones multinacionales y a los gobiernos sumarse a los ODS únicamente en función de sus intereses de imagen y rentabilidad comercial [36].
18. Destrucción de los lazos comunitarios y solidarios
Para asegurar que el mercado opere sin contrapesos, la Agenda busca degradar las estructuras tradicionales que conforman de manera sólida a la persona. En primer lugar, ataca a la sexualidad, despojándola de su mensaje moral orientado a la vida. Destruye asimismo al matrimonio y a la familia como escuelas fundamentales de amor y gratuidad. Combate de igual modo el mundo del trabajo, desvinculándolo de la vocación profesional mediante la cual el ser humano recrea su realidad con autonomía y libertad. El fin último es sustituir la comunidad cohesionada por una masa atomizada, vulnerable y perfectamente moldeable por el poder dominante.
V. Propuestas
19. Formación de la conciencia por el Bien Común
Resulta imperativo asimilar los principios morales absolutos que custodian la dignidad intrínseca del ser humano. Necesitamos igualmente disponer de un análisis riguroso de la realidad, asentado en componentes históricos y filosóficos, que nos permita distinguir con nitidez las causas verdaderas de las injusticias de sus meros síntomas o consecuencias maquilladas.
20. Articulación de experiencias políticas alternativas
Debemos diseñar y consolidar una estrategia a mediano plazo que oriente las acciones diarias para combatir las causas políticas de las injusticias. A partir de ahí, deben abrirse espacios autónomos de promoción personal y comunitaria, construyendo experiencias profesionales, científicas y políticas alternativas capaces de quebrar el monopolio ideológico global.
Notas de Referencia
[1] Vid. Grupo de Sanidad y Biopolítica de Profesionales por el Bien Común, Observatorio de Biopolítica 2030: La agenda biopolítica del capitalismo, Voz de los sin Voz, n.º 843.
[2] Asamblea General de las Naciones Unidas: Resolución A/RES/70/1, de 25 de septiembre de 2015: Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La resolución establece 17 objetivos que deben cumplirse para 2030. Se desarrollan mediante 169 metas y más de 200 indicadores. Vid. ODS y sus metas.
[3] ALSTON, Philip: Informe del Relator Especial sobre la extrema pobreza y los derechos humanos acerca de la aplicación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Naciones Unidas, A/72/152 (19 de julio de 2017), «… las metas establecidas no buscan realmente eliminar la pobreza…» (39); «se eluden convenientemente cuestiones necesarias sobre la redistribución de la riqueza, la captación de los beneficios económicos por parte de las elites, el crecimiento logrado mediante emisiones de carbono y las políticas fiscales no equitativas. Se trata la reducción de la desigualdad como un problema que debe resolverse mediante el crecimiento general de los ingresos, lo que va en contra de la historia reciente…» (42); «La principal estrategia es utilizar los fondos públicos con mayor moderación y mejorar la movilización del capital privado. Pero este enfoque… da prioridad a un entorno empresarial propicio frente [a las] personas» (49); «El argumento de que las políticas favorables al mercado benefician automáticamente a los pobres también niega la realidad» (62); «La extrema pobreza es y debe ser entendida como una violación de los derechos humanos… La pobreza es fruto de una decisión política y persistirá hasta que se replantee su eliminación como una cuestión de justicia social» (85).
[4] BUFFETT, Warren en una entrevista con el periodista del New York Times, Ben Stein, que la reflejó en su artículo «Everybody’s Business; In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning», de 26 de noviembre de 2006.
[5] Cfr. ALSTON, Philip, Informe citado, números 27 y siguientes; Informe sobre la Desigualdad Global 2022 / World Inequality Report 2022, editado por Lucas Chancel, Thomas Piketty, Emmanuel Sáez y Gabriel Zucman y publicado para el World Inequality Lab.
[6] Expresión de san JUAN PABLO II, Encíclica Evangelium vitae, 1995, n.º 12.
[7] SAN JUAN PABLO II, Encíclica Sollicitudo rei socialis, 1987, n.º 36.
[8] Ibídem, n.º 37.
[9] Véase Agenda 2030, n.º 14.
[10] Véase Agenda 2030, n.º 15.
[11] ALSTON, Philip, informe citado, números 7 y siguientes.
[12] Véase nota [5].
[13] Véase Agenda 2030, n.º 27.
[14] Véase Agenda 2030, preámbulo, párrafo 2; números 29, 33 y metas 1.5, 11.b, 13.1, 14.2.
[15] Cfr. AA. VV., Las bioideologías del sistema neocapitalista, y Observatorio de Biopolítica.
[16] En particular, Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CMAD), Río de Janeiro, 1992; Conferencia Mundial de Derechos Humanos, Viena, Austria, 1993; Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), El Cairo, Egipto, 1994; Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, Copenhague, Dinamarca, 1995; Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Pekín, China, 1995; Segunda Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos (Hábitat II), Estambul, Turquía, 1996.
[17] Estas conferencias “aniversario” se denominan sumando al nombre del lugar donde tuvieron lugar el número de años desde su realización: Pekín+5; Pekín+10; Pekín+15; Cairo+5; Cairo+10; Cairo+15, etc.
[18] SCHOOYANS, Michel, El aborto: implicaciones políticas, 1991, págs. 194-195. También en «El nuevo orden mundial y la seguridad demográfica», 2006.
[19] Se afirma «el carácter universal, indivisible e interrelacionado de la presente Agenda y los Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus metas, incluidos los medios de implementación» (Agenda 2030, n.º 71). Idea reiterada en el preámbulo de la Agenda y en sus numerales 5, 17, 18, 55, 74.b., 75 y 85.
[20] Véase Agenda 2030, número 26, metas 3.7 y 5.6.
[21] Véase Agenda 2030, preámbulo párrafo 6, números 14, 28, 31; Objetivo 13 y metas 2.a y 11.b.
[22] Véase Agenda 2030, números 28 y 31.
[23] Véase PINGEO, Lou, La influencia empresarial en el proceso post-2015, Editorial 2015 y más, Cuaderno n.º 4, 2014. La influencia corporativa tiene diversos niveles: el Grupo de Alto Nivel de Personas Eminentes, el Pacto Mundial, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible y el Grupo de Trabajo Abierto.
[24] SCHWAB, Klaus (citado por error formal en fuentes previas como Martín), recogido en el libro de Andy Robinson: Un reportero en la Montaña Mágica: cómo la élite económica de Davos hundió el mundo (2013), pág. 217.
[25] En TEITELBAUM, Alejandro, La armadura del capitalismo: El poder de las sociedades transnacionales en el mundo contemporáneo, 2010, pág. 33. La frase fue pronunciada en el marco de la International Industrial Conference (San Francisco, septiembre de 1997) y recogida por el periódico canadiense Le Devoir el 5 de mayo de 2001 tras la Cumbre de los Pueblos de América.
[26] United Nations Global Compact. Cf. HERNÁNDEZ ZUBIZARRETA, Juan y RAMIRO, Pedro, Diez años del Pacto mundial, Observatorio de Multinacionales de América Latina, 11/02/2009; LLARANDI, Carlos, Global Compact, Voz de los sin Voz.
[27] Informe Global de Sostenibilidad Corporativa (Global Corporate Sustainability Report), United Nations Global Compact, 2013.
[28] Vid. AUZA, Bernardito: Conferencia titulada «La Santa Sede y la Agenda 2030», Lección Magistral pronunciada el 25 de enero de 2023 en la Universitat Abat Oliba CEU de Barcelona.
[29] Encíclica Laudato si’ (24 de mayo de 2015), n.º 50.
[30] Vid. AUZA, Bernardito: Conferencia titulada «Luces y sombras de la Agenda 2030», pronunciada en Logroño el 28 de marzo de 2024 para la Asociación Bitácora XXI.
[31] Nota de la Santa Sede con reservas a la Agenda 2030 (Anexo a la carta de fecha 25 de septiembre de 2016 al presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas), números 21.d y 23.d.
[32] Véase nota [2].
[33] Asamblea General de las Naciones Unidas, Declaración del Milenio: Resolución A/RES/55/2 (Nueva York, septiembre de 2000). Establece ocho metas de desarrollo para el periodo 2000-2015.
[34] Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), Río de Janeiro, 1992. Documento del Programa 21 (Agenda 21) contenido en A/CONF.151/26 Rev.1 (Vol. I).
[35] ROCKEFELLER, David. Intervención en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), El Cairo, Egipto (septiembre de 1994). Véase transcripción indirecta en: Sinding, Steven W., De las metas demográficas a la satisfacción de la demanda. El nuevo paradigma de las políticas de población.
[36] Cfr. ALSTON, Philip, informe citado: «La mayoría de los informes de las Naciones Unidas y el Banco Mundial sobre los ODS apenas prestan atención a los derechos, a excepción del género…» (46); «Los redactores de la Agenda 2030 rechazaron expresamente los conceptos de vigilancia y rendición de cuentas al concebir los procesos de seguimiento…» (50); «El Banco Mundial, la OCDE y el FMI evitan por todos los medios relacionar sus iniciativas con la existencia de un derecho humano a la protección social…» (73-74); «La extrema pobreza es y debe ser entendida como una violación de los derechos humanos… La pobreza es fruto de una decisión política y persistirá hasta que se replantee su eliminación como una cuestión de justicia social» (85).
